El secreto de unos buenos calamares a la romana no está en cubrirlos con una capa gruesa, sino en conseguir un interior tierno y un rebozado ligero, dorado y crujiente. Aquí explico qué calamar elegir, cómo preparar la mezcla, qué temperatura necesita el aceite y con qué servirlos para disfrutarlos como tapa, plato principal o bocadillo.
La fórmula para conseguir calamares tiernos y crujientes
- Calamar mediano para obtener una textura más tierna.
- Secado minucioso antes de enharinar evita que el rebozado se desprenda.
- Una pizca de bicarbonato ayuda a lograr una cobertura más aireada.
- El aceite debe estar bien caliente, pero sin humear.
- La fritura se hace en tandas pequeñas para no enfriar el aceite.

Qué caracteriza a unos buenos calamares a la romana
Esta preparación consiste en cortar el calamar en anillas, pasarlas por harina y huevo, y freírlas en abundante aceite. El resultado ideal combina un rebozado fino y dorado con un calamar que se pueda cortar sin esfuerzo. Cuando queda gomoso, casi siempre hay un problema de producto, humedad o tiempo de cocción.
Yo prefiero calamares medianos, frescos o congelados de buena calidad. Los ejemplares demasiado grandes pueden resultar más duros, mientras que los pequeños tienen una carne delicada, aunque dan anillas de menor tamaño. En la pescadería conviene pedir que los limpien y conservar también los tentáculos si se quieren aprovechar en la fritura.
No hay que confundir esta versión con los calamares a la andaluza. En estos últimos suele predominar una capa de harina, mientras que la preparación romana incorpora normalmente huevo y una cobertura más envolvente. Ambas son deliciosas, pero ofrecen texturas distintas.Ingredientes y cantidades para cuatro personas
Con estas proporciones preparo una ración generosa para compartir como entrante. Si los sirvo como plato principal, calculo aproximadamente 200 g de calamar limpio por persona.
- 800 g de calamares limpios.
- 2 huevos grandes.
- 140 g de harina de trigo, aproximadamente.
- 1 pizca pequeña de bicarbonato sódico.
- Sal.
- Aceite de oliva suave o aceite de girasol para freír.
- Limón para servir.
El bicarbonato no debe dominar la mezcla. Una cantidad mínima basta para que la cobertura se infle ligeramente. También se puede añadir una cucharada de agua con gas a los huevos si se busca un rebozado algo más ligero, aunque para mí la versión sencilla ofrece un equilibrio más limpio entre calamar y fritura.
Cómo preparar la receta paso a paso
1. Limpiar y secar el calamar
Si no viene limpio, retiro la cabeza, las vísceras, la pluma transparente y la piel exterior. Lavo los cuerpos con rapidez y los corto en anillas de aproximadamente 1 cm de grosor. Los tentáculos pueden freírse enteros si son pequeños.
Este paso parece menor, pero cambia mucho el resultado. Extiendo las piezas sobre papel de cocina y las seco por arriba y por abajo. El calamar húmedo hace que la harina se apelmace, el huevo resbale y el aceite salpique.
2. Preparar el rebozado
Coloco la harina mezclada con el bicarbonato en un plato y bato los huevos con una pizca de sal en otro. Paso cada anilla primero por la harina, sacudo el exceso y después la cubro con huevo. No conviene dejarlas reposar ya rebozadas, porque la humedad reblandece la cobertura.
3. Freír sin enfriar el aceite
Caliento abundante aceite en una cazuela o sartén honda. Como referencia, debe rondar los 175-180 ºC, aunque también se puede comprobar echando una pizca de harina: si burbujea de inmediato sin quemarse, está listo.
Frío las anillas en tandas pequeñas durante 2-3 minutos, hasta que estén doradas. Si añado demasiadas de golpe, la temperatura cae y absorben grasa. Las retiro con una espumadera y las dejo escurrir brevemente sobre papel, sin amontonarlas para que conserven el crujiente.
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4. Servir inmediatamente
Los llevo a la mesa recién hechos, con limón en gajos. Me gusta añadir la ralladura justo antes de servir, porque aporta aroma sin mojar la cobertura. Si se desea una salsa, una mayonesa con ajo muy suave funciona mejor que un alioli intenso, que puede ocultar el sabor marino.
Los errores que dejan el calamar duro o aceitoso
El error más habitual es freír a baja temperatura. El rebozado tarda demasiado en dorarse, absorbe aceite y el calamar permanece más tiempo sometido al calor. El resultado suele ser blando por fuera y gomoso por dentro.- No secar las anillas. La humedad impide que la harina se adhiera y provoca salpicaduras.
- Usar demasiado rebozado. Una capa gruesa domina el plato y pierde su textura al enfriarse.
- Freír demasiadas piezas juntas. El aceite se enfría y la fritura se vuelve pesada.
- Esperar demasiado para servir. El vapor reblandece la cobertura, incluso si la fritura era correcta.
- Recalentar en el microondas. Calienta el interior, pero deja el exterior húmedo y gomoso.
Si el calamar resulta especialmente duro, no siempre se soluciona friéndolo más. Este producto suele quedar tierno con una cocción muy breve o con una cocción larga, pero el tiempo intermedio lo perjudica. Para esta receta, la solución más fiable es utilizar piezas tiernas y retirarlas en cuanto el rebozado esté dorado.
Variantes y acompañamientos que sí tienen sentido
| Opción | Qué aporta | Cuándo elegirla |
|---|---|---|
| Harina de trigo | Rebozado fino y clásico | Para una versión tradicional y equilibrada |
| Trigo con un poco de harina de garbanzo | Sabor más marcado y cobertura algo más rústica | Cuando se busca un aire cercano al pescaíto frito |
| Agua con gas en el huevo | Textura más ligera y aireada | Para una fritura menos compacta |
| Ralladura de limón | Aroma cítrico sin añadir humedad | Para servir al momento |
Como guarnición, elegiría algo fresco y sencillo. Una ensalada de tomate, unas hojas verdes o unos pimientos asados equilibran la fritura mejor que otra preparación pesada. Para un bocadillo de calamares, prefiero pan crujiente, mayonesa ligera y unas gotas de limón, sin llenar el conjunto de salsas.
En cuanto al maridaje, una cerveza rubia, un vino blanco joven o un cava brut funcionan muy bien. Busco bebidas con acidez y frescura, porque limpian el paladar después de cada bocado. Evitaría vinos muy amaderados o tintos tánicos, que suelen imponerse sobre el sabor delicado del calamar.
El detalle final que mejora toda la fritura
Mi recomendación más práctica es organizarlo todo antes de encender el fuego. El calamar debe estar cortado y seco, el rebozado preparado, la bandeja lista y el aceite a temperatura. Así se fríe rápido, se sirve caliente y se evita improvisar mientras las primeras anillas empiezan a perder textura.
Para conservar sobras, las guardaría en el frigorífico y las consumiría en un máximo de 24 horas. Al recalentarlas, funciona mejor un horno o una freidora de aire a 190 ºC durante 4-6 minutos. Nunca quedarán como recién hechas, pero recuperarán parte del crujiente y aprovecharás mejor el producto.
Con un calamar bien seco, aceite caliente y una fritura breve, esta tapa mediterránea no necesita complicaciones. La diferencia la marcan esos pequeños gestos que protegen la textura y dejan que el marisco siga siendo el protagonista.
